Ciencia

La Tierra ya está hirviendo por el infernal y abrasador caos climático

Este año, tan caluroso y sofocante, se parece mucho al futuro que nos habían advertido los científicos como consecuencia del cambio climático.

Esta situación ha revelado que buena parte de los pobladores del mundo aún no están preparados para la vida en un planeta más caliente.

Las perturbaciones a la vida diaria han tenido un largo alcance y han sido devastadoras.

Se espera que las cosechas de granos esenciales como el trigo y el maíz disminuyan este año en algunos casos de forma muy pronunciada y en países tan distintos como Suecia y El Salvador.

En Europa, se cree que las plantas de energía nuclear tendrán que ser vigiladas porque el agua de los ríos que deben enfriar los reactores estará demasiado tibia.

Olas de calor con temperaturas fuera de rango normal en los cuatro continentes podría hacer que colapsen las redes eléctricas.

Un estudio publicado en la revista PLOS Medicine pronosticó para 2080 un aumento de cinco veces en Estados Unidos. La predicción para otros países es peor: en Filipinas los expertos prevén un incremento de doce veces en la tasa de fallecimientos.

A nivel global, lo que resta del 2019 promete igual o más caluroso que el año pasado donde la tendencia en los últimos cinco años viene siendo al alza.

“Ya no se trata de una llamada de atención”, dijo Cynthia Rosenzweig, quien dirige el grupo de impactos climáticos en el Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA. “Ahora es un hecho para millones de personas en todo el mundo”.

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No es una nueva normalidad

Las temperaturas siguen aumentando y, hasta el momento, los esfuerzos para combatir el calor han fracasado. Los científicos concluyen que las olas de calor van a volverse más intensas y más frecuentes.

En el horizonte se vislumbra un futuro de fallas en los sistemas que amenazarán el suministro de necesidades básicas como los alimentos y la electricidad.

Para muchos científicos, este es el año en el que empezaron a vivir el cambio climático en vez de solo estudiarlo. Katherine Mach, climatóloga de la Universidad de Stanford, afirmó que algo ha cambiado para ella.


“Hace algunas décadas, cuando el problema del clima comenzó a estudiarse, el impacto se veía como algo que afectaría a otros, es decir, a las generaciones futuras o quizá a comunidades que ya batallaban con eso”, explicó, y añadió que la ciencia ahora puede relacionar sucesos climatológicos específicos con el cambio climático.

“Dentro de nuestra creciente incomodidad ahora es una rutina científica determinar con precisión cómo han aumentado los riesgos”, dijo. “Se trata de un cambio que estamos viviendo juntos”.

A nivel mundial, el récord del año más caluroso lo obtuvo el 2016. No fue algo completamente inesperado, pues ese año se presentó El Niño, el fenómeno climático del Pacífico que por lo general incrementa el calor.

Lo sorprendente fue que 2017, un año en el que no se presentó ese fenómeno, fue casi igual de caluroso. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), ese fue el tercer año más caluroso que se ha registrado; de acuerdo a la NASA, ha sido el segundo más caluroso.

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Durante el 2018 tampoco hubo presencia de El Niño, pero fue el cuarto año más caluroso que se ha registrado, según la NOAA.

¿Qué significa todo esto?

Este fenómeno comprueba la precisión de los modelos matemáticos de un sector de la comunidad científica, aunque no necesariamente brinda tranquilidad.

Vivimos en un mundo que no solo es más caliente de lo que solía ser, sino que aún no alcanza su nueva normalidad.

Algunos gobiernos, nacionales y locales, están actuando.

Los agrónomos tratan de desarrollar semillas que tengan más probabilidades de sobrevivir al calor y la sequía. Suiza busca evitar que las vías ferroviarias se deformen con el calor extremo pintándolas de blanco.

Los climatólogos también están tratando de responder más rápido y mejor. Un equipo de la NASA intenta predecir la duración de las olas de calor, y no solo determinar cuándo podrían producirse, con el fin de ayudar a los líderes de las ciudades a prepararse.

También se están haciendo esfuerzos similares para prever la distribución de precipitaciones extremas con el objetivo de ayudar a los agricultores; además, investigadores de Atribución Climática Mundial trabajan para perfeccionar sus modelos y hacerlos más precisos.

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